Escribir es un acto humano demasiado humano. Como habrán notado mis amigos he dejado de publicar mis crónicas sobre Ibarra, sus personajes, un poco del tiempo ido y cuestiones personales, todas desde mi visión de escritor y periodista con respeto y creatividad, con ética y versatilidad. Antes que nada quiero pedir una disculpa pública a un amigo y su madre por el trato cruel que le brindé en una crónica pasada, le entiendo mas que nadie, porque también soy hijo de una madre que salió adelante sola y por sus méritos. Compañera de la suya. Lo que uno ha veces no cuenta es la dulzura con la que esa misma madre me trataba cuando fui a su casa o cuando me encontraba por la ciudad y saludabamos. Su hijo igualmente fue un compañero al que siempre respeté por inteligente y disciplinado y ha sido también parte de mi inocencia salvaje, de mi solidaridad y buenos recuerdos. El escritor magnifica sus personajes y cuando vive acontecimientos dolorosos muchas veces...
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